2 de enero de 2017

El guaraní perseguido. La resistencia de una lengua mayoritaria



 
Los límites de mi lenguaje significan los límites de mi mundo.” ~ Ludwig Wittgenstein (1889-1951).
Cada lengua es un mundo, pues a través de ella forjamos nuestra cosmovisión, nuestro modo de ver y de entender el mundo y las cosas. Del mismo modo, cada lengua posee una historia propia, valorada en muchos casos, despreciada en otros, etc. El idioma guaraní no se escapó de esa realidad, desde la llegada de los europeos a estas tierras, su condición se modificó en gran manera, ideándose su propia desaparición de la mano de las autoridades coloniales. Comparto aquí una breve historia del guaraní, publicada hace un año en el Correo Semanal de Última Hora.
 El guaraní perseguido. La resistencia de una lengua mayoritaria

            La Constitución Nacional de 1967 en su artículo 5 reconocía al guaraní como “idioma nacional” al igual que el español, aunque señalaba que este último sería de uso oficial. Agregaba además en su artículo 92 que el Estado protegería al guaraní y promovería su enseñanza, evolución y perfeccionamiento. Por su parte, la vigente Carta Magna de 1992 lo elevó como idioma oficial junto con el castellano (art. 140). Paradójicamente, recién en estas dos últimas Constituciones el idioma guaraní tuvo reconociendo oficial poniéndose (al menos en teoría) a la misma altura que el castellano. Analizaremos las vicisitudes que pasó el guaraní durante la época colonial con el propósito de encontrar algunos datos que nos puedan ayudan a entender el porqué de su perseverancia a pesar de todas las persecuciones de las que ha sido objeto por parte de las autoridades.
El idioma guaraní en la época colonial, la lucha por la persistencia.
            Antes de la llegada de los europeos a estas zonas, el guaraní era una lingua franca o lengua vehicular, que servía para que los diversos pueblos que vivían en gran parte de Sudamérica pudieran entenderse, incluso sin tener la misma lengua materna. Decía Giovanni Botero allá por 1600 que para viajar por el Nuevo Mundo bastaba conocer el guaraní, el quechua y el náhuatl. (Velázquez, 2014, p.112). Con el establecimiento de los españoles al fundarse  Asunción (1537) se inició un complejo proceso de sometimiento de los indígenas del lugar, que a diferencia de la narración tradicional que lo describe como un encuentro pacífico y armonioso, fue bastante violento y causó estragos a la población originaria. El historiador Ignacio Telesca afirma al respecto que “El sometimiento de los pueblos indígenas fue relativamente rápido. En un primer momento fueron fundamentalmente las mujeres las que se vieron bajo el yugo del conquistador”. (2011, p.361). En contrapartida, según Efraím Cardozo los excesos de los españoles eran solamente “(…) excesos pasionales, fruto de los celos moriscos que trastornaban y enloquecían” (1996, p.70)
            La presencia europea en el siglo XVI no fue numerosa ya que arribaron a la Provincia poco más de 3.000 españoles; por esa razón, a pesar del estrago demográfico producido con la llegada de los españoles, la población siguió siendo predominantemente indígena. El censo de 1682 reflejaba que el 72% de la población paraguaya (de las 38.666 personas) vivía en pueblos de indios. (Telesca, p.365). Tanto en estos pueblos como en los de españoles, el idioma guaraní era usado por la inmensa mayoría, inclusive por los criollos y mestizos, que correspondían a la categoría de los españoles. (Melià, 2014, p.425). A pesar de esta situación, la política de las autoridades de la colonia apuntaba a la supresión del guaraní y a la generalización del uso del castellano. Ya en 1556 Juan de Salazar expresaba su preocupación sobre el uso del guaraní diciendo “muertos los padres, los hijos quedarían como indios en sus costumbres, no habiendo contratación de cristianos”. (Melià, p.426).  A su vez, el Cabildo de Asunción invocaba en 1625 la necesidad de crear un colegio para que los hijos de los conquistadores no adquieran las “costumbres de los indios”, haciendo referencia entre otros aspectos, a la utilización del idioma guaraní. Pero a pesar de la preeminencia del guaraní en la colonia, nos señala Velázquez que el castellano siguió la lengua administrativa, política y de adoctrinamiento. (p.113)
            Una de las embestidas más fuertes en contra del idioma guaraní (y otras lenguas nativas) por parte de las autoridades coloniales se dio en la segunda mitad del siglo XVIII, cuando el rey Carlos III decretó en 1770 que las autoridades coloniales hagan cumplir su Real resolución de “(…) conseguir el que se extingan los diferentes idiomas de que se usa en los mismos dominios, y solo se hable el castellano”. (Velázquez, p.114). Por su parte, poco antes el gobernador de Buenos Aires en 1768 había solicitado que se enseñe el castellano “con el fin de civilizar, desterrar la rusticidad y lograr uniformar el lenguaje”. (Melià, p.432). ¿Por qué pretender suprimir el idioma nativo siendo que era hablado por la mayoría? Es una cuestión que merece ser analizada. Pero al menos en la Provincia del Paraguay, en la misma época en que se expidió esta resolución, la población mayoritaria siguió siendo indígena. En 1762, el 62% de la población (de un total de 85.138 personas) vivía en pueblos de indios, el 11% era afrodescendiente y el resto era español. (Telesca, p.366). Los indígenas hablaban el guaraní, también los considerados españoles; con algunas pocas excepciones.
            En contrapartida, en las reducciones jesuíticas el tratamiento del idioma guaraní fue distinto. En las mismas, como alude Melià, se apuntó a la “preservación de la lengua, aunque más estandarizada y general.” (p.433). Para los jesuitas, adoptar la lengua era fundamental para su labor misionera y en ese afán, el guaraní se adaptó a dicho propósito. Esto permitió la “gramaticalización” del guaraní, apareciendo una serie de trabajos gramaticales y escritos de carácter religioso como catecismos, sermonarios, etc. Con la expulsión de los jesuitas de Paraguay en 1768, el guaraní escrito sufrió graves reveses. (Melià, p.437)
            A finales de la colonia, a pesar de que las autoridades se habían empeñado de manera contraproducente en eliminarlo y establecido medidas coercitivas para el efecto, el idioma guaraní era usado por la mayoría de los paraguayos, con ciertas transformaciones propias del proceso lingüístico de asimilación. Con la independencia nacional, el guaraní esperaba tener el lugar que le correspondía como lengua autóctona y mayoritaria. ¿Lo tuvo? Lo veremos en la próxima entrega.
Fuentes consultadas: Relaciones entre autoritarismo y educación en el Paraguay 1869-2012. Un análisis histórico. (Primer volumen 1869-1930); de David Velázquez Seiferheld; El Reto del Futuro. Asumiendo el legado del bicentenario. (Cap. La identidad étnica de la nación de Ignacio Telesca); El Paraguay de la conquista, de Efraím Cardozo;  Historia del Paraguay de Ignacio Telesca y otros (Cap. Historia de la Lengua Guaraní, de Bartomeu Melià, s.j.)

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