6 de enero de 2017

Doctor Francia y la Iglesia Católica, la lucha por el poder.



             Breve descripción de las relaciones entre el gobierno francista y la Iglesia Católica 
Una de las medidas del Dr. Francia contra la Iglesia Católica fue la prohibición de las procesiones de santos.
Imagen meramente ilustrativa (Foto Abc Color)
 
            El Doctor Francia, aparte de laicizar el Estado, también expropió a las órdenes religiosas y de todas las órdenes eclesiásticas sus propiedades. De esta manera se convirtió a los campesinos arrendatarios de la Iglesia en propietarios libres; se limitó las actividades del clero e hizo que los sacerdotes vivieran  de un modesto sueldo del gobierno. Del mismo modo fue eliminado como tal y se eliminaron los últimos vestigios del tribunal de la Inquisición.[1]
            Por lo mencionado, algunos autores sostienen que la política religiosa del Doctor Francia tenía una particularidad ya que en ella“(…) se entrelazan de una manera compleja los principios de la Ilustración y una razón de Estado revolucionaria-pragmática. El doctor Francia deja de asistirá misa en 1818 manifestando su libertad de pensamiento en cuestiones de fe. (…)”.[2]
            Sin embargo, no podría considerarse al Doctor Francia (al menos en su totalidad) como una persona que pretendía aniquilar la religión. En ese aspecto se afirma que  “(…) si bien se muestra como un gobernante sin ataduras religiosas, a su vez, está convencido de la necesidad de la religión para la estabilización del orden social (…)”.[3]
No duda, por consiguiente de ordenar la expropiación económica como condición para un sometimiento riguroso de toda oposición clerical, así como el pago oficial al clero y la subordinación del culto a los intereses estatales. Se puede pensar en una Iglesia subordinada al Estado, avanzando el régimen  en el proceso de nacionalización de la iglesia como protectora del orden. Contradictoriamente, se mantiene la influencia de los paí cimentada en las creencias populares. Una inteligente combinación entre creencia y racionalización que le permite al gobierno mantener determinados controles sobre la población. Será el Estado Dictatorial el que centralice y represente mucho de lo que antes estaba en particular depositado en la iglesia, cuya imagen se ve afectada por su marginación del proceso revolucionario.[4]
 
Grabado con la firma del Doctor Francia
Por su parte, la historiadora Ana Ribeiro explica que “(…) en 1812 declaró abolida formalmente la Inquisición. Severas medidas se tomaron contra sacerdotes “porteñistas” o “españolistas”, lo cual afectó a todas las órdenes, pues por igual tenían “porteñistas” entre sus clérigos (…)”.[5]
La misma autora añade:
En el Segundo Congreso, el de 1814 (…) se prohibió que los clérigos participaran como delegados. Uno de esos delegados llegó a proponer algo que no obtuvo sanción general, pero que deja constancia del nivel de anticlericalismo presentes en protagonistas de aquella hora: “El estado eclesiástico será precisamente arreglado y modificado al sistema de la libertad de la Patria en todas sus partes, de suerte que no podrá predicar, confesar, obtener ni gobernar o ministrar sacerdotes alguno que no se decida por el sistema de la Libertad de la patria o que no sea útil a la causa pública.”[6]

Una crítica de un franciscano al Doctor Francia mediante la “Proclama de un paraguayo a sus paisanos, hizo que el Dictador tomase duras medidas al respecto y en el año 1815 decidió lo siguiente:
“(…) prohíbo y en caso necesario, extingo y anulo todo el uso de autoridad o supremacía de las mencionadas autoridades. Jueces o prelados, residentes en otras provincias o gobiernos, sobre los conventos de regulares de esta república, sus comunidades, individuos, bienes de cualesquiera de las hermandades o cofradías. Quedaban desligados de las jerarquías superiores de la iglesia regional, por lo cual – determinó- se gobernarán de aquí en adelante con esta independencia, observando sus respectivas reglas o institutos, bajo la dirección o autoridad del Ilmo. Obispo de esta diócesis, tanto en lo espiritual como en todo lo temporal y económico”.[7]
            En 1816, el Doctor Francia prohibió la realización de procesiones de santos y en el año 1820 ordenó que:
“Se abstengan de hacer semejantes reuniones, juntas o alistamientos, formando cofradías o hermandades, o con cualquier otro color, título o pretexto, sin expresa licencia de este Supremo Gobierno, con apercibimiento de ser castigados como rebeldes, notificando a los demás de la misma nota, que para poder alistarse en dichas cofradías, hermandades u otras congregaciones de cualesquiera denominaciones que fuesen, deben acreditar y hacer constar previamente un verdadero patriotismo mediante una adhesión decidida a la justa, santa y sagrada causa de la soberanía de la República, y a su entera, total y absoluta independencia de España, y de cualquiera dominación extranjera o de gente extraña, dependiendo sólo de Dios Hacedor Universal y Criador de todos los Mundos”.[8]
           
            A su vez, el historiador Richard Alan White en su profusa obra sobre el Doctor Francia sostiene que el Paraguay había apoyado dos clases de élite que poseían bases económicas distintas pero relacionadas entre sí, encontrándose en la cúspide de la pirámide social a la antigua clase dominante española, apoyada por la conservadora Iglesia Católica.[9]
            En 1819 renunció el Obispo Panes ante la incapacidad de adaptarse a los cambios provenientes desde el gobierno y fue reemplazado por el Vicario General Roque Antonio Céspedes. Poco después, se fueron promulgando medidas que deterioraron en gran manera el poder social, político y económico que ejercía la Iglesia Católica.[10]
            El descubrimiento de la conspiración de 1820 no sólo trajo apresamientos en masa y ejecuciones, sino que modificó en gran manera el gobierno francista, volviéndose aún más fuerte. Las medidas restrictivas alcanzaron a la Iglesia, decretándose varios meses después la prohibición de las fraternidades religiosas y la exigencia  de prestar juramento de lealtad al gobierno, por el Auto Supremo del 8 de junio de 1820.[11]
            Por el Auto Supremo de Francia del 23 de marzo de 1823, el gobierno secularizó los monasterios expropió vastas propiedades de la Iglesia, medida que se aceleró al año siguiente. A modo de ilustración de la extensión de las tierras de la Iglesia se menciona que 876 familias fueron beneficiadas con lotes de las tierras del Real Seminario de San Carlos solamente.[12]
            
Parte de Asunción, en un grabado del siglo XIX.
         Ya en 1824, debido a la escasez de sacerdotes, el Doctor Francia decretó la supresión de las comunidades religiosas pero sin prohibir el culto, atendido por los pocos sacerdotes.[13]
La historiadora Ribeiro añade que todas las propiedades de los conventos suprimidos pasaron a las manos del Estado, que inventarió todos los bienes, incluidos los numerosos esclavos de que era propietaria la iglesia; de esa manera los conventos fueron quedando en la ruina, el Convento de la Merced, otrora sede de importantes congresos se convirtió en parque de artillería; el Convento de la Recoleta en cuartel, el de los Dominicos en iglesia auxiliar. Así las comunidades religiosas abandonaron el país.[14]
La misma autora se hace una interesante pregunta: “¿realizó ese control de la Iglesia paraguaya solamente porque debía neutralizar su poderío para construir el suyo propio, o tenía razones de otra índoles para tal accionar?”[15]
El gobierno francista no sólo confiscó las tierras de la Iglesia, sino que también ejerció un control financiero de la misma. Las parroquias locales tenían reglamentados sus gastos a través de los gobiernos municipales y el gobierno nacional asignó salarios a los clérigos, en 1824.[16]
En 1828, los excedentes de la riqueza de las iglesias de todo el país comenzaron a confiscarse y jubiló a sus tres canónigos de edad avanzada. Por lo tanto, en lo que restó del gobierno francista, el Estado paraguayo solamente gastaba por la iglesia los salarios del sacerdote de la Catedral y su sacristán, además de los gastos de las misas semanales.[17]
Con estas medidas, la situación de la Iglesia Católica en Paraguay se fue deteriorando de tal forma que, al fallecer el obispo Panés en 1838, la misma se quedó acéfala, sin vicarios, Provisores, Administradores eclesiásticos, Cabildo Catedral ni ninguna otra autoridad. Por ello, a inicios de 1840, el clero católico estaba integrado sólo por cincuenta y seis sacerdotes, la mayoría de ellos ancianos y enfermizos. Ante esta situación, es comprensible el informe de los cónsules López y Alonso al Papa Gregorio XVI que decía: “Puede pensarse que ninguna otra Iglesia del Orbe cristiano católico Romano se habrá visto en circunstancias tan tristes y afligentes como la Iglesia del Paraguay siendo más punzante en su dolor la difícil comunicación con la Santa Sede, y lo moroso del trámite a tan enorme distancia.”[18] La iglesia había perdido su poder y había quedado sujeta en su totalidad al Estado paraguayo.
               
Notas

[1]Sergio Guerra Vilaboy: Paraguay. De la independencia a la dominación imperialista. 1811-1870, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, pp. 66-67.
[2] Nidia Areces y Beatriz González de Bosio: El Paraguay durante el gobierno del Doctor Francia,El Lector, Asunción, 2010, p.45.
            [3] Ibídem.
            [4] Ibídem.
            [5] Ana Ribeiro: Gaspar Rodríguez de Francia,El Lector, Asunción, 2010, p. 92.
            [6] Ibídem.
[7] Ana Ribeiro: ob. cit., pp. 92-93.
            [8] Ibídem, p. 93.
            [9] Richard Alan White: La Primera Revolución Popular de América. Paraguay 1810-          1840, Punto de Encuentro, Buenos Aires, 2014, p.130
            [10] Richard Alan White: ob. cit., p. 131
            [11] Richard Alan White, ob. cit., pp.131-132
            [12] Richard Alan White, ob. cit., p.132
            [13] Ana Ribeiro: ob. cit., p.93
[14] Ibídem, p. 94.
            [15] Ibídem, pp. 94-95.
            [16] Richard Alan White, p.133
            [17] Richard Alan White, p.133
            [18] Nidia Areces y González de Bosio: ob. cit., p., 49.

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