27 de diciembre de 2015

Relaciones diplomáticas entre el Paraguay y el Brasil desde la independencia hasta el gobierno de Don Carlos A. López (1811-1862) (Parte III)

¿Cómo fueron las relaciones diplomáticas entre el Paraguay y el Brasil en los primeros años de la era independiente? ¿Qué hechos condicionaron las mismas en esos años? ¿Cuáles fueron los intereses políticos y económicos que han determinado el carácter de las cuestiones diplomáticas entre los dos países? Estas y otras preguntas se intentarán responder en este ensayo elaborado por el Lic. Jorge Contrera, Profesor Asistente de Historia Americana Colonial e Independiente de la Facultad de Filosofía de la UNE. Aquí la tercera parte del trabajo publicado en la Revista Científica El Búho Nº 2 del año 2014. 

El reconocimiento de la independencia paraguaya como estrategia política brasileña. Las relaciones diplomáticas durante los primeros años del gobierno de Don Carlos.
Mapa de los países del Río de la Plata, elaborado en la década de 1850. Nótese las pretensiones de Argentina sobre territorio paraguayo.


     A la muerte del Dr. Francia el 20 de setiembre de 1840, el país quedó con la independencia consolidada en el interior, pero no reconocida por los otros Estados. Luego de un breve periodo de anarquía se estableció nuevamente el régimen del Consulado (1841), siendo designados cónsules Don Carlos Antonio López y Mariano Roque Alonso por un periodo de tres años. El Congreso Nacional tomó decisión de poner fin a la política de aislamiento permitiendo a través de los cónsules la apertura del puerto de la Villa del Pilar para el comercio fluvial. Además, se resolvió establecer relaciones de amistad y comercio con otros gobiernos “sin perjuicio de la independencia y seguridad de la República”. (Scavone y Brezzo, 2010, p. 38). 

     El escenario político experimentado en ese momento no era bueno: Corrientes se encontraba con una guerra con Buenos Aires, Uruguay soportaba una guerra civil y en el Imperio del Brasil se había producido la segregación de la Provincia del Río Grande del Sur. No obstante, el Paraguay firmó con Corrientes un Tratado de amistad, comercio y navegación y otro tratado provisorio de límites. Este acuerdo entre dos “provincias”, según Juan Manuel de Rosas, no fue del agrado de Buenos Aires, que consideraba al Paraguay como una provincia argentina. Ante esta situación, un Congreso Extraordinario reunido el 25 de noviembre de 1842, ratificó la independencia nacional, siendo la misma comunicada a los principales países extranjeros (Argentina, Brasil, Chile, Bolivia, Inglaterra, Francia, Estados Unidos y el Vaticano). A la Argentina fue enviado Andrés Gill, quien trajo la negativa de Rosas de aceptar la independencia. La respuesta paraguaya fue llevada esta vez por Manuel Pedro de la Peña, en la cual Paraguay se ratificaba en su derecho de ser libre e independiente de todo poder extraño. 

     En marzo de 1844, a la par que Manuel Pedro de la Peña desarrollaba su misión a Buenos Aires; el Congreso General aprobó un nuevo reglamento de gobierno redactado por Don Carlos Antonio López y eligió a éste como Presidente de la República por un periodo de 10 años. Un logro de suma trascendencia se produjo en los primeros meses de su gobierno cuando en setiembre de 1844, el Imperio del Brasil reconoció la independencia del Paraguay (ya lo habían hecho Bolivia y Chile el año anterior). Dicho reconocimiento se produjo a través de José Antonio Pimenta Bueno, designado como Encargado de Negocios ante el gobierno de Asunción. El principal propósito de este reconocimiento era evitar que Paraguay sea incorporado por la Confederación Argentina, en ese sentido se mencionaba que no le convenía al Brasil que aquel país, “lleno de ambición, astucia, audacia y perseverancia, se tornase tan poderoso”. (Scavone y Brezzo, p. 46). 

     Para efectivizar la alianza, Pimenta Bueno y Carlos Antonio López suscribieron en octubre de 1844 un tratado de alianza, comercio, extradición y límites, el Imperio del Brasil se comprometía a aunar esfuerzos para lograr el reconocimiento de la independencia nacional por parte de los demás países, además de emplear “todos los esfuerzos, no solo para prevenir las hostilidades, sino también para que (ella) obtenga justa y completa satisfacción de las ofensas recibidas.” (Scavone y Brezzo, 2010, p. 46) 

     Respecto a la navegación de los ríos, los firmantes se concedieron en forma mutua la libertad de navegación de los ríos Paraguay y Paraná en sus respectivos territorios; comprometiéndose ambos a buscar los medios necesarios para lograr también la libre navegación del río Paraná hasta el Río de la Plata, es decir, en territorio argentino. Respecto a la cuestión de límites, los mismos acordaron examinar y reconocer los fijados por el Tratado de San Ildefonso en 1777. 

     Si bien la independencia nacional fue reconocida por el Brasil, el gobierno imperial consideró oportuno no aprobar el Tratado López-Pimenta Bueno, su suscripción fue motivo de ruptura de las relaciones entre el Paraguay y Buenos Aires. A pesar de la negativa argentina de reconocer la independencia del Paraguay, Uruguay lo hizo en 1845 y Venezuela y Austria lo hicieron en 1847. 

     Al no lograrse la alianza con Brasil, Don Carlos Antonio López decidió celebrar en diciembre de 1845 una alianza con la Provincia de Corrientes en contra del gobierno de Juan Manuel de Rosas. A través de este acuerdo, Corrientes reconocía a Paraguay como un Estado libre y distinto de Argentina, mientras que en unos artículos secretos se establecieron los límites entre ambos. López declaró la guerra al gobernador de Buenos Aires en diciembre del mismo año y luego de unos desentendimientos entre los nuevos aliados, el presidente decretó el cese de las hostilidades al año siguiente. 

     Con el propósito de restablecer el comercio con el Imperio del Brasil, las tropas paraguayas ocuparon Misiones hasta el Río Uruguay a mediados de 1849; ante la imposibilidad de dominar Misiones y la amenaza de Rosas de llevar una guerra al Paraguay, las fuerzas paraguayas traspasaron nuevamente el Paraná. 

     En 1850, el Imperio del Brasil vuelve a dirigir su mirada hacia el Paraguay y en diciembre los gobiernos suscribieron un tratado (Varela-Bellegarde) de alianza defensiva, donde ambos países se comprometían a “prestarse mutua asistencia en caso de que cualquiera de los dos países fuese atacado por la Confederación Argentina o por su aliado en el Estado Oriental y a fin de auxiliarse también para que la navegación del Río Paraná sea libre” (Scavone y Brezzo, 2010, p. 50). 

     El tratado Varela-Bellegarde obligaba al Paraguay a ayudar al Emperador del Brasil en mantener la independencia de la Banda Oriental del Uruguay, amenazada por Juan Manuel de Rosas. En abril de 1851 se verificó el canje de ratificación y se fijó su duración en 6 años. A la par de este acuerdo, el Imperio del Brasil seguía con su afán expansionista, apoderándose de territorio legítimamente paraguayo. Ante esta situación, el gobierno de Don Carlos Antonio López decidió expulsar a los brasileños de Salinas, ubicado al norte de Fuerte Olimpo. En dicha ocasión, el Encargado de Negocios del Imperio del Brasil Felipe José Pereira Leal fue obligado a retirarse del país, acusado de obstaculizar la firma de un acuerdo comercial con Inglaterra, representado por sir Charles Hotham. (Areces y González, 2010, p. 150). Pereira Leal presentó en su momento al gobierno paraguayo un proyecto de tratado de navegación y límites, que fue rechazado por ser de pretensión exorbitante.
*Próxima entrega: La expedición militar brasileña al Paraguay.

Bibliografía básica
1. ARECES, N. y GONZÁLEZ DE BOSIO, B. El Paraguay durante los gobiernos de Francia y de los López. Editorial El Lector, Asunción, 2010.
2. BENÍTEZ, A. et al. La Historia del Paraguay I. Editorial AZETA S.A., Asunción, 2000.
3. GUERRA VILABOY, S. Paraguay: De la Independencia a la dominación imperialista 1811-1870. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1984.
4. SCAVONE YEGROS, R. y BREZZO, L. Historia de las Relaciones Internacionales del Paraguay. Editorial El Lector, Asunción, 2010.

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