14 de abril de 2010

Etnias del Paraguay. Los indígenas del Paraguay.



Según el antropólogo Zanardini (2010) "Existen varios criterios para clasificar a las etnias indígenas: criterios raciales, criterios migratorios y criterios lingüísticos." (p.40)
"Haciendo uso de los caracteres anatómicos de las personas; o se recurrre a las teorías migratorias de poblamiento; al criterio de los módulos de subsistencia; o bien al criterio lingüístico." (Zanardini, 2010, p.40)
La clasificación más aplicada es la que utiliza el criterio de la lengua, en ese aspecto, nos menciona Zanardini, citando a los grandes antropólogos Miguel Chase-Sardi y Branislava Súsnik (1995) que:
Los pueblos indígenas del Paraguay se dividen en cinco familias lingüisticas: (el número entre paréntesis es la cantidad de personas que pertenece a cada etnia)
Zamuco y comprende: Ayoreo (2.523), Ybytoso (1.837), Tomaraho (129).
Mataco y comprende: Nivaclé (15.054), Maká (1.605), Lumnanas (Manjui) (566)
Maskoy (Enenlhet) y comprende: Enlhelt (9.038), Enxet (7.314), Guaná (303), Sanapaná (2.842), Angaité (4.632), Enenlhet (Toba Maskoy) (1.845), Maskoy (946)
Guaicurú y comprende: Toba Qom (1.841)
Guaraní y comprende: Guaraní Occidentales (2.697), Guaraní Ñandeva (2.483), Pai Tavyterá (16.435), Mbyá (17.927), Avá Guaraní (16.811), Aché (1.489).
La población indígena según la Encuesta a Hogares Indígenas (EHI) en el año 2008 fue : 108.308 personas.
Fuente: Zanardini. J, Los pueblos indígenas del Paraguay, Editorial El Lector (Material adicional del Diario Abc Color), Año 2010

13 de abril de 2010

"Lágrimas de 1870" (Cuento)



"¿Y es ésta caballeros, la civilización que nos han traído a cañonazos?"*
     Recuerda con profunda tristeza aquel lejano día; había amanecido un poco fresco, el paisaje era hermoso, un tupido bosque, suelo rojizo, por allí cerca corría un cristalino arroyo...por otro lado...escuálidos soldados, ancianos hambrientos, madres desesperadas queriendo contener las lágrimas de sus famélicos hijos.
      Estaban en Cerro Corá, López charlaba amistosamente con un nativo de las sierras de Amambay. Oyó la invitación del nativo a su esposo para que le siguiera. No supo qué respuesta tuvo, sólo atinó a ver que el cacique se marchaba cabizbajo hacia la inmensa selva; una bandada de verdes pájaros levantó vuelo sobre sus cabezas.
      Aun recuerda aquella mañana, observa sus manos, sus uñas, ya marchitadas por el paso del tiempo; era doloroso ver el cuerpo inerte de un compañero de largas jornadas, de noches de amor, de soledad; mucho más desgarrador...abrazar un hijo muerto...su Panchito... tan parecido a su padre. Había cavado la tumba con sus manos, ella sola; quizá hubiera sido mejor haberse arrojado a esa fosa, quizá lo hubiera hecho si le sobraran fuerzas para seguir cavando. Oye risas burlonas, atemporales, sonadas a muerte, gritos de triunfo. "A civilizaçao llegou ao Paraguai!", ¡El pueblo que vivía en la barbarie ha sido librado para siempre! ¡Y para siempre, amén! Allí abajo, cientos de miles de almas morían de pena.
     No pudo más, la flaqueza había cubierto sus huesos; sigue oyendo carcajadas cada vez más fuertes y llantos cada vez más apagados, más débiles. Los enterró a flor de tierra. Corriendo alocadamente llega junto a la sepultura, encuentra a un soldado brasileño bailando y haciendo piruetas sobre la barriga del cadáver de López que no estaba muy bien cubierto. Eran los civilizadores, los libertadores.
     "Bien, peleemos hasta que muramos todos", había dicho el Mariscal cierto tiempo antes. Aquel primero de marzo su vaticinio se cumplió.
     Ella extraña al Paraguay que fue, quizá nunca volviera a ser como antes; dieciséis años pasaron desde aquella fresca mañana, cada día lo extraña muchísimo más. Fue cuando se nubló su vista e inició un largo viaje sin retorno.

*Palabras pronunciadas por Elisa Lynch, ante la profanación del cadáver de su esposo.

Autor: Jorge Contrera


9 de abril de 2010

La triste realidad de los indígenas.


En la edición online del Diario Última Hora (09 de abril de 2010) apareció un artículo en el cual se mencionaba la ocupación de la Reserva del Lago Yrendy, por parte de un grupo de indígenas de las parcialidades Avá y Mbya. Como se puede leer más abajo del artículo principal, muchas personas han demostrado un marcado etnocentrismo en sus comentarios; el artículo que sigue es mi opinión al respecto:
"Es notable la actitud etnocéntrica o incluso racista que se vislumbra en algunos comentarios realizados. Definitivamente el desprecio hacia los indígenas continúa hasta hoy en día. El problema no son los indígenas, pero sí existe un problema indígena. La situación que muchas etnias viven actualmente es el resultado de una serie de acciones que muchos paraguayos y extranjeros realizaron en contra de ellos. No estamos hablando de muchos años, de hecho que la explotación de estas gentes se inició con los españoles y los portugueses hace más de 500 años, pero fuimos los paraguayos y brasileños quienes nos hemos encargado de darles esta vida miserable que tienen, no hay que olvidarse que hasta el año 1970 , cuando los indígenas aun vivían en los bosques, muchos de nuestros compatriotas y extranjeros comenzaron una caza de indígenas, para talar sus árboles, principalmente en la zona de Alto Paraná y Caaguazú, de la misma manera se les mataba como si fueran animales, como nos dice el antropólogo Chase Sardi: “matar un indígena era como matar un jaguareté”. Cuántas crueldades más podemos mencionar, yo todo ello realizado por las personas “civilizadas”. La forma de vida que ellos llevan se debe exclusivamente a nuestra actitud racista. Nos creemos muy sabios y pensamos que enseñándoles nuestras cosas pueden cambiar. Por lo que veo, a mucha gente le gusta opinar sin considerar todos los aspectos del caso. Bajo ningún sentido la solución será “civilizarlos”, esa es nada más que una muestra de nuestra desconsideración hacia los indígenas. Somos muy ignorantes y no nos damos cuenta de que por ejemplo existen más de 20 etnias en nuestro país. No sabemos que muchos de ellos viven en una buena situación justamente porque hay personas interesadas en ellas, y que más se preocupan en comprenderlos y apoyarlos en vez de “civilizarlos”. Nada más menciono el caso de los Aché de Puerto Barra, quienes siendo acompañados del Sr. Fostervol, llegaron a tener una vida privilegiada, después de que caso hayan terminado a causa de los “paraguayos civilizados”. Simplemente felicito a los indígenas que han tomado mi querido Lago Yrendy, que lo tengo a pocos metros de mi casa. La última visita que realicé fue el jueves santo. Me fui a observar la quietud hermosa de ese lugar, un lugar seriamente amenazada no por los indígenas, sino por compatriotas irresponsables quienes ven a la Reserva como un vertedero en donde pueden tirar sus basuras, por pescadores que no respetan nada y dejan tirados sus plásticos, sus hilos de pesca, sus anzuelos, gentes que se van allí y dejan el lugar hecho una desgracia. ¿Esos son los que defienden ahora el Lago? No seamos hipócritas, ni siquiera a los propios encargados de la Escuela Forestal les interesa esa Reserva. Cuántas veces he visto que talaban árboles de allí y vendían en los aserraderos. La Reserva está hecha una calamidad gente, y no a causa de los indígenas. Esto es un llamado de atención a todos nosotros y alas autoridades para que de alguna manera dejemos nuestro etnocentrismo y que busquemos soluciones definitivas a estos problemas. Acaso no nos damos cuenta que todo esto es a causa de la corrupción de décadas. El INDI, por ejemplo, por años y años sirvió solamente para llenar de zoqueteros, muy pocas veces se le dio valor a un etnógrafo, a un etnólogo o antropólogo, personas que bien podían diseñar una solución al problema indígena. Pero no, les resultaba más fácil decir que los “indígenas son haraganes”, que hay que “civilizarlos” y otras estupideces.(...) Y con esta actitud, la única cosa que se logra es que la brecha social cada día sea más grande. 

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