31 de diciembre de 2016

Bernardino Caballero y los latigazos de "El Látigo"



          
"Esperanzas de la Patria entre las manos de los "doctores" Caballero y Escobar"
             Casi un año antes de culminar el periodo constitucional del Gral. Bernardino Caballero, el 9 de agosto de 1885 apareció el periódico El Látigo, semanario -cuyo lema era Más que insípidos bonos, prefiero cien mil abonos-, que demostró una abierta crítica al gobierno de Caballero y a la influencia de éste sobre su sucesor Patricio Escobar. Narra la historiadora González de Bosio que este semanario se caracterizaba por publicar caricaturas del Gral. Caballero y otros políticos con la aprobación de los mismos, pero que existen hechos que revelan una cierta represión sufrida por El Látigo (González de Bosio, 2008, p.123).

            Este periódico se publicó bajo la dirección de su propietario Plácido Casaús, quien con anterioridad había dirigido otro semanario, cuyo nombre era La Verdad Autógrafa. En el primer número de El Látigo, del 9 de agosto de 1885 y cuya redacción era anónima manifestaba en su Editorial sobre su origen lo siguiente:

(…)<>, no se vaya a creer nadie, que nace de la nada, origen universal de todo lo creado, por cuanto no es un embrión efímero, sino un derivado positivo de <> (Q.E.P.D).

<> es una existencia necesaria por el gérmen que lo revela, no es una especia adecuada a las costumbres sociales, más o menos predominantes, con injuria y escándalo; es sí, un dechado venturoso, un engendro vivo que exhaló su mamá con el postrer aliento de su vida. (Plan de “El Látigo”, 9 de agosto de 1885)

         Sobre su génesis, relata el historiador Erasmo González que dicho periódico surgió como abanderado de los descontentos de la población, a causa de la venta de tierras públicas, las concesiones y los privilegios de los hombres del gobierno (2011, p.79).
            Según las apreciaciones del historiador señalado, El Látigo estaba escrito con una pluma ponzoñosa que salió al público “(…) para demostrar  su disconformidad con el Gobierno, a quién acusó de casos de corrupción y violación de las leyes impregnadas en la Constitución Nacional, acompañado de caricaturas de autoridades de la época” (2011, pp.79-80).
          Compartimos algunas de las ilustraciones que aparecían en dicho periódico y que guardan relación con la oposición que ejercía hacia Caballero y el caballerismo en sí:
Gral. Caballero: Escobar, dadme votos para triunfar.
Escobar: Tomad, no tengo más que esto.

El Látigo, febrero de 1887.
Explicación: Ante la necesidad de elegir un senador y un diputado por el departamento de Villarrica (era departamento en ese momento), el oficialismo presentó como candidato al General Caballero para el Senado y a Claudio Gorostiaga para Diputado. La oposición presentó como candidatos a Esteban Gorostiaga y Antonio Taboada.
Las elecciones, que se habían fijado para febrero del 87 se habían frustrado a causa de la desaparición del Juez de Paz local ante la inminente derrota del oficialismo.
Las elecciones se iban a reanudar el 12 de junio y ese día en Villarrica los ánimos estaban caldeados, nuevamente ante la inevitable derrota de Caballero, se promovieron los tumultos y los tiros, terminando la jornada electoral con varios muertos, heridos y apresados, entre ellos los candidatos de la oposición.
 Patricio Escobar manejado por Bernardino Caballero.
Explicación: Caballero gobernó el Paraguay desde 1880 hasta 1886, fue sucedido por el general Patricio Escobar, sobre quien siguió ejerciendo una fuerte influencia, a tal punto de que el nuevo presidente fue considerado como títere de Caballero; es lo que denunciaba el periódico El Látigo con este grabado.
 Alón crucificado, publicado por El Látigo.
Explicación: José de la Cruz Ayala, más conocido como Alón. Era periodista de EL HERALDO, periódico desde donde criticaba fuertemente al gobierno de Bernardino Caballero, lo que le originó persecuciones desde el gobierno. El dibujo hace referencia a la "muerte" de Alón como periodista.

Bibliografía básica:

2      1. Fuentes Armadans, Claudio. José de la Cruz Ayala. Alón. Pensador liberal. Asunción, Paraguay. Editorial El Lector. 2014
.   2. González de Bosio, Beatriz. Periodismo Escrito Paraguayo. 1845-2001. De la afición a la profesión. 2ª Edición. Asunción, Paraguay. Intercontinental Editora S.A. 2008
-        3.González, Erasmo. Bernardino Caballero. El caudillo prominente. Asunción, Paraguay. Editorial El Lector. 2011



 

Entre la memoria y el olvido. Una breve historia de los guaraníes.



Antes de los intrusos
            Al producirse el descubrimiento del continente americano por parte de los europeos y con la consiguiente conquista y colonización, este extenso continente estaba poblado por numerosos pueblos indígenas con culturas bien diferenciadas unas de otras, destacándose algunos pueblos con avanzado grado de civilización y otros, con culturas paleolíticas y neolíticas.
            En la zona que actualmente corresponde a la Región Oriental de nuestro país y regiones aledañas vivían los guaraníes, un pueblo numeroso dividido en varias parcialidades pero unido por una misma lengua.
            En ese aspecto, señala el antropólogo Melià que “(…) La hipótesis de una población de 1.500.000 y hasta 2.000.000 (dos millones) de personas, aunque parezca maximalista para quienes suponen que una selva tropical ofrece escasos recursos para sustentar tamaña cantidad, tiene, sin embargo, bases serias en la documentación disponible. (…)” (Melià, 2010, p.13)
            Respecto a la cuestión de la lengua que unificaba a las diferentes parcialidades guaraníes menciona el mismo autor mencionado arriba que:

Si miramos el cuadro de los pueblos guaraníes y sus lenguas en el Paraguay tal como se manifiestan  en el siglo XVI y los comparamos con los pueblos guaraníes actuales se constata la desaparición de muchos de esos pueblos, especialmente los del área de mayor influencia española cerca de Asunción, pero también hay supervivencias notables que llaman la atención. (…) (Melià, 2010, p.13)
             De estas parcialidades o pueblos, muchas desaparecieron con el proceso de conquista y colonización, sobre ese punto menciona Melià:
Los antiguos Itatín corresponden a los Päi –Tavyterä y Kaiowá, (…); los del Guairá serían los actuales Avá Katú de Canindeyú y Alto Paraná, llamados Ñandéva en el Brasil, mientras que los Mbyá (…), son los que están hoy más concentrados en los departamentos de San Pedro, Caaguazú, Guairá, Caazapá e Itapúa, pero que ocupan el territorio de Misiones, en Argentina y se expanden también por la costa marítima del Brasil. Los conocidos en el siglo XVI como Chiriguaná, presentes en el Chaco boliviano y paraguayo hasta las estribaciones de los Andes, hoy reivindican para sí el nombre de Guaraní occidentales y Ñandéva (que no hay que confundirlos con los del Brasil). (…)(2010, pp. 14-15)
Sobre la cuestión de la diversidad lingüística entre los actuales guaraníes encontramos que “Todos ellos tienen forma propia de hablar el guaraní, con variedades dialectales considerables. Hay, pues, muchas variedades de lengua guaraní, pero una lengua guaraní en su estructura fundamental” (Melià, 2010, p.15).

La conquista o el despojo, la debacle demográfica
Fuente: Los pueblos indígenas del Paraguay, de José Zanardini
 La conquista del Río de la Plata por parte de los europeos se inició en 1536 y se extendió en el actual territorio paraguayo con la fundación del Fuerte Nuestra Señora de la Asunción, el 15 de agosto de 1537, por parte del Capitán Juan de Salazar y Espinosa. El antropólogo Melià señala en su obra Una Nación, Dos culturas, la manera como se produjo en contacto entre los españoles y guaraníes:
Los guaraníes vieron a los recién llegados, en la época de la fundación de Asunción, en torno a 1537, como amigos y aliados, como karaí, (…). Muy pronto, sin embargo, los mismos Guaraníes se rebelaron contra esos karaí, ahora señores y patronos, que bajo la ley de encomienda aplicada en el Paraguay en 1556, los hacían trabajar sin descanso y los sacaban de sus aldeas y hábitat tradicional, “desnaturalizándolos”. (Melià, 2010, pp.15-16)
Este contacto generó a su vez conflictos entre ambos grupos humanos, lo que produjo una recesión poblacional considerable. En ese sentido, se menciona que “el descenso demográfico de los Guaraníes durante todo el proceso colonial fue un fenómeno que alarmó a gobernantes y misioneros. (…) Guerras, malos tratos, epidemias y cautiverios fueron los cuatro jinetes de aquel apocalipsis colonial. (Melià, 2010, p. 16).
(…) Hubo genocidio de varios pueblos, hubo asimilación de otros, aunque no siempre completa, siendo que algunos permanecieron libres en la selva hasta hoy. Su modo de ser, su cultura, su religión, su organización política y su economía dependerán en el futuro del grado de integración y sumisión al sistema de los intrusos, y del grado de autonomía que pudieron preservar en las diferentes etapas de contacto. (Melià, 2010, pp. 16-17)
            Con la llegaba de las órdenes religiosas, en especial la de los franciscanos y jesuitas, se inició un proceso de reducción de los indígenas en las famosas Misiones. Los religiosos fundaron varias pueblos o reducciones donde vivían miles de indígenas guaraníes. Este proceso de asentamiento produjo grandes cambios en la cultura de los guaraníes. Sin embargo, cabe destacar que no todos los indígenas fueron reducidos, ni siquiera entre los guaraníes. En el Chaco existían (y de hecho siguen existiendo) decenas de pueblos indígenas sin contacto con los españoles, al igual que guaraníes en las selvas de nuestro país. 
Grupo de Angaites, del norte del Chaco Paraguayo. Siglo XIX.
 La independencia y el proyecto homogeneizador

            En los primeros años de la independencia nacional, existían varios pueblos de indios en dónde vivían miles de nativos guaraníes. Durante el gobierno de Don Carlos Antonio López (1844-1862), específicamente en 1848, se produjo un hecho notable, cual fue la declaración como ciudadanos de la República a los Indios naturales de los veinte y un pueblos del territorio de la República, a través del Decreto Supremo del 7 de octubre de 1848, que en su punto primero señalaba:
De los pueblos del territorio de la República, durante los siglos que cuentan de fundación, han sido humillados y abatidos con todo género de abusos, privaciones y arbitrariedades, y con todos los rigores del penoso pupilaje en que les ha constituido y perpetuado el régimen de conquista. (Decreto Supremo del 7 de octubre de 1848).
Considerando este y otros puntos descriptivos de la situación de los pueblos de indios, el documento decretaba en su Artículo 1º:
El Supremo Gobierno Nacional usando de las altas facultades que inviste y contando con la aclamación de la república, en el próximo Congreso: declara Ciudadanos de la República a los Indios naturales de los veinte y un pueblos del territorio de la República, a saber, Ypané, Guarambaré, Ita, Yaguarón, Atyra, Altos, Tobati, Belén, San Estanislao, San Joaquín, Itapé, Caazapá, Yuty, Santa María de Fe, Santa Rosa, San Ignacio, Santiago, San

Cosme, Trinidad, Jesús y el Carmen, que de la antigua comunidad de Itapúa, hoy Villa de la Encarnación, se ha formado y establecido entre el Caraguatá y el Tacuarí, afluentes del Paraná.
            El artículo cuarto hacía mención a las actividades económicas a ser desarrolladas a partir de la declaración de los indígenas como ciudadanos paraguayos, sobre dicha cuestión encontramos:
En el distrito de cada uno de dichos pueblos será nombrada por el Supremo Gobierno Nacional una Comisión que en los primeros años de libertad de los naturales, promuevan ellos la conveniente emulación en los trabajos de su agricultura, e industria para agenciar el mantenimiento de sus familias, y esté a la mira de la continuación, y mejoras de las escuelas de primeras letras, y de los oficios mecánicos que poseen los pueblos.
Si bien el artículo tercero del Decreto disponía que “En los tres primeros años de libertad de los naturales de los pueblos, a saber, desde el próximo venidero de 1849 no pagarán diezmos, derechos parroquiales, ni la moderada pensión anual impuesta a los arrendatarios de tierras públicas.”, en su artículo undécimo se estipulaba un punto desfavorable para los indígenas, el mismo rezaba lo siguiente: “Se declaran propiedades del Estado los bienes, derechos, y acciones de los mencionados veinte y un pueblos de naturales de la República”.
Aunque con esta declaración de ciudadanía se pretendía la homogeneización de la sociedad paraguaya, cabe recalcar que en las selvas impenetrables, vivían indígenas guaraníes muy ajenos a estas disposiciones gubernamentales, como los Mbyá, Aché, etc, quienes entrarían en contacto con la sociedad paraguaya recién en las primeras décadas del siglo XX. Además, por lo que se puede observar, esta disposición en vez de favorecer la vida de los indígenas, terminó complicándola todavía más, puesto que  tuvieron la necesidad de encontrar la forma de sustentarse, ya que habían perdido la propiedad comunitaria de la tierra.



Bibliografía básica:
1-    DECRETO SUPREMO DEL 7 DE OCTUBRE DE 1848. Corte Suprema de Justicia – División de Investigación, Legislación y Publicaciones. “Digesto Normativo sobre Pueblos Indígenas en el Paraguay” 1811 – 2003. Asunción. 2003.
2-    MELIÀ, B. Una Nación, Dos Culturas. Asunción. RP Ediciones-Cepag. 1988.
3-    SÚSNIK, B. y CHASE-SARDI, M. Los indios del Paraguay. Madrid, Talleres de Gráficas Lormo S.A., 1996.
4-    ZANARDINI, J. y BIEDERMANN, W. Los indígenas del Paraguay. 2. ed. Asunción, Artes gráficas Zamphirópolos S.A., 2006.
5-    ZANARDINI, J. Los Pueblos Indígenas del Paraguay. Colección La Gran Historia del Paraguay 1. Asunción, Editorial El Lector. 2010.


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